Seat Toledo 1L. El Seat que relanzó a Seat


Logo estrenado en 1992

Corría el año 1991 cuando se ponía a disposición del público el Seat Toledo. En aquel entonces España olía a Europa y estaba inmersa en tres grades proyectos que han pasado con honores a la historia reciente de nuestro país. Por un lado se pretendía llegar a Sevilla desde Madrid en tren de Alta Velocidad, siendo 1989 el año en se empezó a construir dicha línea. Por otro lado, España estaba a la espera de que llegase 1992 para poder realizar las Olimpiadas de Barcelona y estaba metida de lleno en preparar todas las instalaciones. Y por último, se estaban construyendo a ritmo frenético los pabellones de celebración de la Expo 92. Así que con toda la expectación generada por esos acontecimientos, entre las ventanas de los concesionarios de Seat podía empezar a verse un modelo totalmente nuevo en la marca, que no llevaba ninguna denominación comercial heredada, y que para colmo, estaba hecho con tecnología 100% alemana. Y esta provenía del cajón de Volskwagen, así que nada podía salir mal. Este modelo además tenía una línea en forma de cuña que había salido de las manos del afamado diseñador Giorgetto Giuriaro, y se basaba en la plataforma A2 de VW, con todas las motorizaciones, suspensiones, dirección y frenos de los modelos de la marca alemana, en especial los del Golf (y por tanto Jetta y hasta Passat).
Pero este Toledo además tenía cosas especiales, pues se salía un poco de “la norma”, ya que su aspecto era de una berlina, pero sin embargo equipaba un enorme portón que permitía cargar con toda comodidad el maletero. Y encima, este alcanzaba los 550 litros. El más grande de su categoría, y de categorías superiores. Y por otro lado era su tamaño, pues se encontraba a medio camino en lo que ahora se conoce como los segmentos C y D, lo que le permitía rivalizar por la parte alta y baja de los segmentos citados con un producto competitivo en ambos lados. Y para sumar puntos a la idílica (y expectante) situación de Seat, venía muy bien equipado desde las versiones medias, y con unos acabados, que aunque con los años los veamos de otra manera en su época se podían considerar como buenos. Además, el conjunto de la prensa española y europea hablaba bien del coche, lo que daba signos de que aquello no era malo, si no más bien todo lo contrario.

Seat Toledo Olimpico. Construído para tal evento y promocionar el modelo.



El Toledo salió al mercado inicialmente con cuatro niveles de acabado: CL, GL, GLX Y GT. Así como cuatro motores de gasolina y dos diesel; un 1.6 de 75cv, un 1.8 de 90cv, un 2.0 de 115cv (que era la estrella de la gama) y un 1.8 16v de 136cv. Los ahorradores correspondían a un 1.9d de 64cv y un 1.9TD de 75cv. Más adelante se sustituyó el modelo alto de gama por un 2.0 16v de 150cv y coincidiendo con el restiling se introdujeron los motores TDI con potencias de 90cv y 110cv. Estos llevaron al Toledo a otro nivel y le metieron de lleno en el grupo de los coches de referencia con motor diesel. De paso se sustituyó el modelo 1.8 de 90cv por un 1.6 de 100cv. Con el tiempo el Seat Toledo ganó en equipamiento de seguridad, siendo 1994 el año en que se incorporó el doble air-bag frontal, y el control de tracción EDS. Las versiones más sencillas del Toledo encajaban mejor por presencia con el segmento de los compactos, pero desde las versiones GLX hacia arriba eran perfectamente comparables con las berlinas medias de su época, algo de lo que también se encargaba de mostrar la prensa de la época en sus test comparativos.
Dentro de la historia reciente de Seat, no se me ocurre un modelo cuyo lanzamiento haya significado tanto para la marca, ya que además presentó su buque insignia en un momento de expectación social. Ni si quiera el Ibiza coetáneo a este puede igualarse. Porque el Toledo supuso para Seat una declaración de intenciones con un modelo totalmente nuevo encaminado a un sector que además llevaba tiempo sin dirigirse a él. Porque aunque mucha gente piense que el Toledo sustituía al Málaga, el nuevo modelo se situaba por categoría más alto que este, aspirando más a las berlinas del segmento D, que a los compactos del segmento C. Si acaso el único lanzamiento que se me ocurre de este calibre es el León ST, ya que hacía años que Seat no tenía una carrocería familiar en su gama. Y por supuesto descartando a los SUV que ha ido sacando últimamente pues solo son una moda que esperemos que pase más pronto que tarde.

El Seat Toledo GLX 1.8, se situaba en el punto medio de la gama. Esta unidad en concreto fue matriculada en Febrero de 1992.

La unidad que ha pasado por Carichiˋs Garaje, es de esas que no se encuentran fácil. Tiene un estado de conservación y uso que se aleja de lo habitual en un coche de su edad y de su estatus. Concretamente es un Seat Toledo GLX 1.8 Rojo Creta matriculado en 1992, que se conserva en estado totalmente de origen. Hasta los tapacubos son los originales, cuando lo habitual es encontrar unidades a estas alturas con dicha pieza repuesta de las estanterías de un supermercado, o en otros casos con unas llantas de aleación compradas en alguna cadena de mecánica rápida y cuya calidad y seguridad dejan que desear y cuya estética es de dudoso gusto. Todo está tal cual salió de fábrica o reparado con las piezas originales. Hasta la radio es una Grunding original de la época, y aunque la calidad de sonido no es la de un automóvil moderno, funciona de maravilla.
Su odómetro marca poco más de 107.000km, que para este motor 1.8 de 90cv, no son muchos, sobretodo porque el tacto que ofrece es el de haber sido tratado bien desde que se compró. Por cierto, se me olvidó decir que además solamente ha tenido un dueño. Es en definitiva una de esas unidades que han sobrevivido a las idas y venidas de la vida, ha sobrevivido a cualquier plan de incentivación del gobierno para que lo mandes a la chatarra y te lleves a cambio un coche moderno.

Este frontal es perfectamente reconocible aún por nuestras carreteras


La versión GLX viene muy bien equipada con todo lo necesario (y bastante en su momento): cuatro elevalunas eléctricos, dirección asistida, cierre centralizado de puertas y maletero, aire acondicionado, faros antiniebla delanteros y traseros, regulación eléctrica de faros en altura desde el interior, cinturones de seguridad traseros, etc. Opcionalmente se podía equipar con llantas de aleación de 14”, ABS y techo panorámico. Al sentarnos a los mandos, vemos la calidad germana de aquellos tiempos y como los plásticos han resistido los años sin problemas. Aquí no hay los tan de moda plásticos blandos actuales para aparentar mejor tacto y calidad, y que al cabo de los años se terminan deformando. Así que el tiempo ha dado la razón de ser a los plásticos duros aunque no tengan un aspecto tan premium.

Los asientos son cómodos con una postura de conducción muy alemana. Por cierto, acomodarse al volante es sencillo.

Sentarse en él no es un problema ya que se encuentra una postura cómoda al momento, y solamente hay que acostumbrarse a las “hechuras” de un coche de esta edad. La visibilidad es buena hacia delante y hacia los lados y un poco más comprometida hacia detrás por la altura del maletero. Pero esto no es problema porque los espejos retrovisores exteriores son de generoso tamaño. Al ponernos en marcha la mecánica se deja oír, sobre todo en frío, pero conforme va cogiendo temperatura se aplaca y se vuelve bastante silenciosa. La dirección tiene el grado de asistencia justa, permite realizar maniobras y callejear cómodamente y en carretera abierta contar con suficiente grado de información de lo que pasa en las ruedas delanteras. Los 90cv del conjunto no son actualmente una cifra para batir record, pero el Toledo supera por muy poco los 1000kg y el motor tiene fuerza para moverse en cualquier circunstancia. Incluso con el coche a media-alta carga. De hecho la prensa de la época destacaba las buenas prestaciones que ofrecía el motor de 90cv para su cifra. Además es un motor cómodo; tiene mucho par en la zona baja y media lo que evita tener que estar constantemente usando el cambio (se nota la carrera larga). Eso trae como ventaja que además tenga unos consumos contenidos al no tener que estar reduciendo para subir repechos, salir de curvas cerradas o incorporaciones cortas.

El salpicadeo tiene formas agradables y agrupa todos los mandos de los elevalunas en el centro. El volante tiene tacto agradable y del diámetro justo. El salpicadero y las puertas cambiaban de tono según el acabado del modelo y la pintura exterior. La guantera peca de pequeña.

El chasis del Toledo como dije antes estaba tomado directamente del VW Golf, por lo que pocas críticas se le podían hacer. Si en el compacto alemán se le tildaba de un coche “hace todo muy bien, pero no llega a destacar en nada”, podemos decir lo mismo del Toledo, es todo equilibrio. Tiene una estabilidad sobresaliente sin llegar a ser deportivo y sin llegar a comprometer la comodidad. Es subvirador a la entrada y sobrevirador a la salida si lo provocamos nosotros con el acelerador o el freno. Porque si, este coche permite jugar muy bien con los cambios de peso, y aunque no es una versión GT, ni una GT 16v, hace exactamente lo mismo que ellos pero con más dulzura puesto que contamos solo con unas cubiertas de 185/60/14 que no provocan reacciones violentas. A nivel de frenos tampoco nos podemos quejar, pero estos acaban dando síntomas de fatiga si andamos muy alegres entre curvas o bajando un puerto. Más bien es el líquido de frenos quien se queja antes, aunque hay que decir que estas llantas tampoco refrigeran muy bien los frenos y es seguro que al momento también se empiecen a quejar los discos. Por cierto, esta unidad no equipa ABS, y los frenos traseros son de tambor. Respecto al tacto, no hay quejas.

GLX, acabado situado en mitad de la gama que fue quizá la versión más vendida, tanto en versión de 90cv como en la de 115cv. Esa insignia era sustituída en otros modelos por otra con la incripción de la cilindrada del modelo, aunque más adelante se incorporó en ese hueco unos pilotos intermitentes laterales.

En zonas de autovía, el coche mantiene cruceros actuales sin problemas, no amedrentándose con el par motor de los modernos motores diesel y se mantiene rodando a 140km/h sin ningún inconveniente, y si le insistimos según el catálogo se para en 182km/h, aunque el motor tira un poco más arriba si le seguimos manteniendo pedal. Por cierto, me ha llamado la atención el discreto error de velocímetro, de solo 5km/h, algo loable. Respecto a los desarrollos de transmisión están bien ajustados, y aunque ahora nos resulten algo cortos, en su época estaban bien elegidos. Además el nivel sonoro en carretera es más bajo de lo que podía parecer en un principio, siendo los espejos retrovisores los protagonistas en este aspecto. En carreteras nacionales o de tipo Redia (como se conocían antiguamente) sucede exactamente lo mismo. El coche se desenvuelve perfectamente y realiza adelantamientos a vehículos más lentos sin ningún problema; sean coches, camionetas o camiones articulados. La tercera tiene fuerza para mover el coche sin problema, y aunque en la zona alta del cuentavueltas este motor no se encuentra cómodo respirando, sí permite estirarlo tranquilamente para completar maniobras en una sola marcha. Eso si, no esperemos que salga un bramido de los que pone los pelos de punta porque el sonido es simple y llanamente de motor. Nada más. Por cierto, ya que hablo de completar las maniobras en una marcha, el cambio tiene el típico tacto VW de aquellos años. No es un prodigio de precisión pero es suave en su accionamiento, al igual que el embrague.

El motor 1.8 de 90cv destaca por elasticidad y voluntad con que mueve el conjunto. Alimentado por una Inyección Monopunto Bosch, los consumos son contenidos. En el vano motor hay espacio de sobra para trastear.

Y hablando un poco más hacia el uso al que iba dirigido principalmente el Seat Toledo, el coche lo hace de maravilla. No es que la habitabilidad sea una bomba, y es que las plazas traseras iban más encaminadas al uso por niños que adultos. De hecho, el publico objetivo al que iba dirigido este Toledo era el de matrimonios jóvenes con hijos pequeños que necesitaran un gran maletero. Y en este aspecto, lo cumple con creces. Cabe de todo, el acceso es bueno, y una familia de hasta cinco personas (los padres y tres hijos, por ejemplo) no tenían problema en acomodar el equipaje de las vacaciones. Respecto de la fiabilidad del Toledo en su conjunto, salvo las típicas unidades con defectos ocultos o fallos de calidad (algo habitual en esos años en todas las marcas), el Toledo era un coche duro. Algo que se ha demostrado con el paso de los años. El motor 1.8 (existieron dos versiones, una catalizada y otra sin catalizar) era fiable, aguantaba un trato exigente y duraba muchos kilómetros sin tener que levantar culata. Se alimenta por una inyección electrónica de tipo monopunto que funciona a la perfección, ya que el coche rueda con suavidad y no da tirones ni hay fallos de ningún tipo. La culata es de 8 válvulas y flujo lateral, lo que nos da una idea de las intenciones de este motor. Lo mismo sucedía con la caja de cambios; era fiable y el primer signo de fatiga es cuando empieza a entrar mal la primera y la segunda porque se desgastan unas piezas de plástico de los reenvíos de la caja. Avería por cierto que no es cara de reparar y que se puede hacer sustituyendo las piezas por otras de mejor calidad. Esta unidad, con 107.000km no tiene aún ese problema, sobre todo porque su uso salvo ocasiones, ha sido siempre la autovía, y en dicho lugar la palanca se ha usado poco.

En su momento el cuadro de relojes se le achacó un tamaño pequeño y muchas lucecitas juntas y con un testigo pequeño. No es que eso haya mejorado con los años, pero tampoco es un problema ya que la información es clara y sencilla. Las versiones GT y GT 16v traían una grafía distinta en color rojo hasta 260Km/h con las agujas también en rojo, y en el reloj se incluía un completo ordenador de viaje.

La verdad es que es una pena tener que devolver el coche a su dueño, porque aunque pueda parecer un modelo anodino que no tiene ni pena ni gloria y no es una versión deportiva (aunque a nivel deportivo el Toledo también ha tenido lo suyo con el Toledo Maratón, o los que se preparaban para correr en el desaparecido CET -Campeonato Español de Turismos-) es un coche que engancha. Tiene un rodar agradable, es cómodo de usar, te permite usarlo como coche clásico para hacerte una excursión o una ruta por zonas montañosas cualquier Sábado o Domingo sin importar si llueve o hace calor; porque las raquetas limpian de maravilla el cristal y el aire acondicionado enfría bastante. Rodar por una carretera de montaña a ritmo de paseo con él es agradable, porque como dije el motor tiene fuerza suficiente para moverse tranquilo en marchas largas. Andar por autovía tampoco es estresante, pues las prestaciones son muy buenas para sus 90cv y sigue el ritmo del tráfico actual sin problema. Incluso puedes plantearte usarlo en algún desplazamiento vacacional porque tiene un maletero enorme. Eso ya se hacía con él en su momento, y ahora también puede hacerlo. No le veo pegas, salvo el que te guste más o menos el coche en general. Lógicamente no lleva un apellido de bambalinas ni una insignia en el capot de alta alcurnia, pero no todo en esta vida van a ser coches deportivos de altas prestaciones. Además encontrarse a día de hoy una unidad tan bien conservada, con estética de origen, con su seguro a todo riesgo en vigor, sus revisiones al día y tratada con mimo, es una suerte. Porque como digo, lo habitual es que muchos de los que quedan estén destartalados, con un porrón de kilómetros encima o se hayan dedicado más a un uso de transporte de “cosas”, que de personas dada su capacidad de carga. Es en definitiva ese modelo, me voy a aventurar a decir clásico, al cual no se le presta atención hasta que te encuentras una unidad como esta y con la cómoda vida que ha llevado. Y en ese momento lo miras de otra manera y no te importaría tenerlo en tu garaje para, de vez en cuando, darte una vuelta o hacer algo distinto como irte a hacer una ruta entre carreteras de montaña. Porque además, sabes que está tan bien conservado que es solo girar la llave y salir sin preocuparte de que algo vaya a salir mal, que de eso se trata al fin y al cabo.

Esperemos que haya gente que tome nota y no deje en el olvido a un modelo que tiene argumentos para ser conservado, todo sea que no nos arrepintamos cuando ya sea tarde como nos ha pasado con otros modelos.


Autor: Álvaro Gonzalo